En un fenómeno que ha encendido las alertas sanitarias mundiales, la práctica conocida como “bluetoothing” —el intercambio directo de sangre entre consumidores de drogas para “compartir” el efecto de sustancias como heroína o metanfetaminas— se ha convertido en un vector clave para la propagación del VIH. Según un informe reciente de The New York Times, esta tendencia, que surgió en Australia y se ha extendido rápidamente, permite a los usuarios inyectarse sangre ya intoxicada para obtener un subidón económico, pero expone a miles de partículas virales por cada gota compartida. Expertos de ONUSIDA advierten que, aunque no todos los adictos la practican, su alta contagiosidad la hace más peligrosa que el simple intercambio de agujas, contribuyendo a epidemias en regiones vulnerables.
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